El día que Faltó el Trago

 

Esta historia nace en san Ignacio de Moxos cuando aún era un pueblito.

Se trata de don Jorge quien era un brujo, él llegaba al pueblo en plena fiesta, se encontró con sus amigos los cuales lo animaron a reunirse para compartir y tomarse unos tragos. Llego la noche  y don Jorge se fue a la casa de su amigo donde compartieron y recordaron sus años de infancia, pasaron unas horas cuando el dueño de casa salió diciendo que ya no había más trago y no había de dónde comprar, fue entonces cuando don Jorge dijo: “No se preocupen yo invitare, solo tienen que venir con migo dos hombres, tienen que llevar cada uno un cántaro para traer un trago”. Así fue que el dueño de casa pidió a su hijo Gregorio que acompañe a don Jorge y otro de sus amigos llamado Antonio se ofreció a ir con ellos.

Don Jorge salió con los dos jóvenes llevando los cántaros.

Gregorio pregunto: “¿Don Jorge a dónde iremos?”

Don Jorge: “Solo síganme”

Salieron de la casa, yéndose por un camino que los llevo a una senda que los introducía al monte.

Antonio: “¿Qué buscamos don Jorge? Estamos en el monte”

Don Jorge: “Estoy buscando donde hay trago”.

Todos se quedaron sorprendidos porque solo les miraba a los árboles, especialmente a los de Totaí, los golpeaba y decía ¡Este no!

Hasta que llegaron a un Totaí y él dijo: “Este es”. El saco su cuchillo y se lo clavo al Totaí y del árbol salió alcohol mismo.

Don Jorge: “Pongan los cántaros para recibir el trago”

Gregorio sorprendido por lo que hizo porque eso era imposible, pero estaba viendo que salió alcohol puro y en su pensamiento se dijo: “Yo también quiero hacer eso”. Mientras Antonio no le dio mucha importancia.

Al llenar los cántaros, se regresaron a loa casa del padre de Gregorio, llegaron a la casa, trayendo los cántaros llenos y continuaron tomando.

Al día siguiente Gregorio seguía pensando lo que había visto y se fue a buscar el mismo árbol donde habían sacado el alcohol, llegando allá le clavó el cuchillo pero no salió nada, así que se fue a buscar por la tarde a don Jorge a la casa donde se había ido a quedar esos días en el pueblo. Llegando a la casa lo encontró y se pusieron a conversar: Gregorio: “Anoche usted hizo algo que me gustaría aprender”

Don Jorge: “Jajajajaja !Querej aprender, pero voj no podej¡”

Gregorio: “Pero yo quiero”

Don Jorge lo agarró del brazo, tocándolo dijo: “Tu pulso tampoco te ayuda, erej muy miedoso”

Gregorio: “Pero yo quiero Aprender”

Don Jorge viendo el interés del joven dijo: “Esta bien, pero no me agás quedar mal te espero en la noche aquí para ir a buscar a mi jefe”

Llego la noche y ambos salieron con rumbo al monte, don Jorge dijo: “Esta cerca la puerta en un árbol, date prisa”. Llegando a un árbol de Toborochi, lo tocó tres veces y el árbol se abrió, de el salió un hombre grande, con dientes dorados, ojos blancos y le salía mucho humo al respirar.

El ser que salió dijo: “¿Porque me buscas y que quieres?”

Don Jorge: “Aquí te traigo un aprendiz, él quiere aprender la magia”.

Gregorio al ver esto tembló de miedo y salió corriendo del lugar. Al día siguiente, don Jorge fue a buscar a Gregorio y le dijo: “Me hiciste quedar mal anoche, mi jefe se enojó con migo y me dijo que nunca lo molestara en vano”

Gregorio: “Es que me dio miedo, sus dientes dorados y se veía muy maligno”

Don Jorge se alejó diciendo que nunca más llevaría a personas cobardes para aprender la magia.

 

Narrador: Antonio Coseruna