Leyenda de la Catedral de Trinidad

 

 

 

 

Desde la llegada de los jesuitas a la región del gran Mojos una de las misiones más importantes es la ciudad de la Santísima Trinidad que al asentarse en su segundo traslado donde hoy se encuentra la capital del Beni, tuvo que construir la iglesia de los trinitarios,  (Una catedral).

Entre la gente Mojeña Trinitaria se maneja una historia sobre la construcción de la catedral:

Decía mi abuelo que cuando se empezó a construir la catedral , mucha gente indígena fue parte de la mano de obra entre ellas familiares de él. El sacerdote a cargo de Trinidad dirigió la obra, cuando empezó a levantarse las paredes de la iglesia ya llevaban  unos dos metros de altura cuando se tuvo que detener porque una improvista lluvia  de varios días y chilchís no dejo avanzar, como si hubiesen dejado que un río del cielo derrame tanta aguas, que llego a derrumbar las paredes y detuvo la obra. Luego pasó un tiempo bastante largo de meses detenida la obra y con la pena de tener una iglesia el sacerdote con un grupo de personas empezaron a retomar la obra ya dejada, pero como por magia llego un fuerte viento nublando el cielo, las personas tuvieron que abandonar el lugar con amenaza de un mal tiempo nuevamente.

Después de un largo periodo el sacerdote  empezó la obra nuevamente y sin aviso alguno una tempestad se aproximó con fuerte lluvia, que por unos días no dejó trabajar; así fue entonces que con gran preocupación los ancianos del cabildo se reunieron para ver que sucedía con varios intentos para construir la catedral no podían por culpa de la lluvia, entonces un ancianito curandero se levanto diciendo: “Debe ser culpa de los “Chanecunano” (Gente que no se puede ver pero tienen magia sobre algunos elementos)” el consejo vio esto, pudiendo ser más culpa de los (Chanecoune gente del agua) - ¿pero qué haremos? se murmuraba en el pueblo, tenemos que tener nuestra iglesia… ¿entonces qué haremos? Exclama una ancianita del lugar.

Un anciano entre los demás levanto la voz y dijo:

“Hay que hablar con ellos pero no todos podrán ir a hablar, tendrá que ser un grupo de hombres escogidos y buenos para que puedan pedir a los Chanecoune que ya dejen de impedir la construcción de nuestra catedral”.

 

Así fue que en el cabildo acordaron de hacer este grupo y que un cacique lo dirigiría, el grupo de hombres partió llenos de valor asía la laguna más cercana (donde hoy es la laguna Suarez).Aquellos hombres se fueron preparados y llenos de valor, nunca habían visto en su vida a estos seres del agua los Chanecoune, el más anciano, que los dirigía, llegando a orillas de la laguna exclamo en Mojeño Trinitario: “ vengan señores del agua queremos hablar con ustedes”  Repitiéndolo por tres ocasiones, de pronto al otro extremo de la laguna empezó a salir una niebla espesa, donde los más jóvenes del grupo sintieron miedo entre sí, de pronto se vio en las aguas como si estuviese hirviendo  salieron una multitud de gente del agua uno de ellos se acercó y le habló también en Mojeño diciéndoles que qué era lo que deseaban, el anciano cacique se aproximo a él ya viéndolos más de cerca de que eran personas parecidas a ellos, pero tenían la piel muy clara todos eran muy delgados y altos, traían una vestimenta parecida a una camijeta pero muy brillante.

El Chanecoune replico:” ¿Cuál es el motivo para que nos invoquen?”

El cacique respondió: “Porqué ustedes no dejan construir la Catedral de nuestro pueblo”

El Chanecoune:” Es porque también es nuestra tierra y no queremos que pongan su iglesia aquí”

El cacique:” Nosotros necesitamos esa catedral porque somos quienes vivimos sobre la tierra y ustedes en el agua no tienen por qué molestarse no les afecta”

El Chanecoune: “No me interesa yo aquí y mi gente no quieren porque ustedes ya no nos respetan”

El cacique:” No es así sabemos que existen y que ustedes manejan las aguas ya sea de río, laguna o de la misma lluvia, pero déjennos que construyamos nuestra iglesia queremos ser cristianos”.

Pasaron  un tiempo discutiendo, la gente del agua con los Mojeños no encontraban acuerdos hasta que llego un momento en que se reunieron para llegar a dar una solución. El Chanecoune que los dirigía retrocede para hablar con los suyos, después de hablar retorna diciendo que podían dar solución al problema.

El Chanecoune:” Hemos sacado una solución para encontrar paz entre nuestros pueblos, tendrán que sacar estas campanas que están sumergidas en nuestras aguas, si las llegan a sacar dejaremos que construyan su iglesia”… Y de ahí salen a flote dos campanas gigantes de la laguna, entre cuatro Chanecoune trasladan las campanas cerca de la orilla.

El cacique: “Esta bien haremos lo que piden, el cacique manda a cuatro hombres para que saquen la campana pero él ve con preocupación que no las llegan a mover ni un poco, luego manda a otro grupo de hombres pero no consiguen moverlas y él dice:” iremos todos a sacar las campanas”

 

El Chanecoune se les burla y así se ríe toda su gente diciéndole:” Son hombres débiles no pueden ni con eso”  Y  se le vuelven a reír.El cacique en sus pensamientos se dio cuenta de que era una trampa, como las campanas no habían salido a tierra en la poca agua que las rodeaba y la niebla que hacía que esto sea más pesado, diciendo:” ¿Qué haremos si no llegamos a sacar las campanas? ellos no nos dejaran construir la catedral”  Y de pronto llego a una conclusión, les dice a sus demás compañeros:” Saquen sus charutos (Cigarro hechos con las hojas de tabaco), empiecen a fumar” y a otros les dice:” empiecen a masticarlo y escupan al agua, así hagan todos”. Porque el cacique sabia que a los Chanecoune, detestaban el olor y lo agrio que es el tabaco.

De pronto los Chanecoune se quedaron callados y entre la niebla se fueron perdiendo, uno de ellos le dice:” No pensé que hubieran traído eso aquí..! Nos ganaron dejaremos que construyan su iglesia, de pronto quedo todo tan claro que parecía que no sucedía nada y los Mojeños pudieron alzar las campanas sacándolas de las aguas y la llevaron a la Catedral.

La gente que fue estuvo muy contenta porque podrían construir  la Catedral y el cacique pensó y dijo, fue bueno traer a toda la gente, que eran curanderos, sobadores de huesos y gente que conocía de la magia, de esta clase de seres.

 

 

Narradores: Antonio Noza Y Delfin Javivi